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Vicerrectoría de

Vinculación con el Medio

En la ruta del cine pionero chileno desde Madrid

7 de Agosto 2026

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Nina Satt aclara de entrada: “Yo no quería hacer imágenes. Nunca quise ser cineasta, cineasta de realización. Me interesa el cine, pero me interesa el cine desde un lugar de integración, de una mirada mucho más crítica y ahora desde el rescate de lo que significa que las películas estén donde tienen que estar, observadas, conservadas, con memoria, caminando al futuro. No desperdigadas en colecciones personales, no degradándose, que es lo otro, el tiempo también degrada, sino que puedan ser imágenes que, insisto, vayan acompañando a la sensibilidad del resto”.

Egresada de la Escuela de Cine de la Universidad de Valparaíso y radicada en Madrid (España) desde mediados del 2023, ha ido abriéndose camino hasta llegar precisamente adonde quería.

Nina Satt es originaria de Iquique, donde realizó sus enseñanzas básica y media. Fue puntaje regional de Historia en la antigua PSU y entró a la Escuela de Derecho de la PUCV. Allí la encontraron las grandes movilizaciones universitarias de 2011, que le produjeron un giro total en su trayectoria. “Había que estar en la calle más que en la universidad y pasó el tiempo y tomé la decisión de irme a la Escuela de Cine. Primero quería seguir la carrera de Filosofía y alguien me atajó, me dijo ‘no me parece, puedes hacer lo que quieras, pero creo que la Escuela de Cine te va a cuadrar bastante’. Y yo tenía un poco ese temor de no hacer tanto comunicación audiovisual, como que no quería aprender a llevar cables o enchufar o hacer switch. Y entonces dije ´bueno, Filosofía, porque es un área bastante importante para el pensamiento’. Y esa persona me explica que lo que haría en Cine no tenía nada que ver con un switch ni aprender técnicas de nada. ‘Vas a pensar mucho la imagen’, me dijo y así fue como entré en 2017. Ese fue un año bastante complejo, está la machi Linconao presa, había elecciones, con Bachelet saliendo y entrando Piñera al año siguiente, así que fue un año bastante convulso en la universidad. Debías tener un momento en el aula, pero las reflexiones también con tus compañeros y todo eso lo cuela el cine, hay un hacer colectivo, un pensar de forma colectiva… Y creo que fue esos momentos, con personas presas que no tenían por qué estar presas y muchas noticias fuertes, como que Piñera ganó, que me empecé a interesar mucho por el fotoquímico como soporte, me empecé a alejar mucho de la imagen digital y empecé a ir por imágenes que tenían que ver con la posibilidad de ir a un 16 milímetros, un 35 milímetros… La escuela, por supuesto, no tiene ese enfoque, no lo tenía en ese entonces y el foco te lo daban tus propios compañeros con quienes generabas una comunidad afín. Y es ahí donde nace, por ejemplo, la obra de título, ‘Susurros del hormigón’, que también está enteramente firmada en 16 milímetros. Fue el proyecto de Matías Rojas, porque estos son proyectos colectivos que los tienes que hacer en grupo, y yo fui su productora”, recuerda.

“Eso fue en 2020, porque la escuela dura cuatro años y tuve la oportunidad de sacarla en sus años correspondientes porque, bueno, había gratuidad también de por medio. Entonces, el tema de pasar por problemas de asignatura, retrasos, podía también hacer que la gratuidad se perdiera. En esos cuatro años me preocupé mucho de las notas, para poder postular después a posgrados. ‘Susurros del hormigón’ es una película que estrenamos en (el Festival internacional de Cine de Valdivia) y es raro que un cortometraje de la escuela haya sido estrenado en un certamen tan grande y fue un gran logro para la escuela”, prosigue.


Tras hacer su tesis sobre ‘El chacal de Nahueltoro’, la cual fue premiada en el concurso 'Haz tu tesis en cultura', egresó en plena en pandemia. No era posible trabajar en lo que había estudiado, por lo cual tomó un camino difícilmente imaginable: el ex Sename. “Entré a trabajar en cárceles de menores de edad como profesora de cine y como educadora. Primero, en el Centro de Internación Provisoria y de Régimen Cerrado de Limache, Lihuén. Ahí estuve once meses y después de eso me fui por el Servicio País por un tiempo breve a una localidad que se llama Lolol, que nadie la conoce, y luego me fui a Temuco, otra vez como funcionaria de Sename. Todo esto en paralelo a la investigación sobre cine, hacía de educadora y siempre la pedagogía la hacía a través del cine, con talleres de apreciación cinematográfica, registros de ellos mismos para que tengan un uso ahora, uso de cámara, la que podía tener, la que podía realizar, para establecerme dentro de una dinámica pedagógica en el marco legal, ya que son chicos que tienen suspendidos sus derechos comunicacionales”.

Sin embargo, ya tenía muy claro el camino por el que quería seguir y lo explica así: “Tuve la suerte de estar en una generación muy crítica y también los momentos políticos sociohistóricos nos acompañaron para ser más críticos todavía. No estábamos dando con las imágenes para este futuro, que es algo intuíamos de que se nos venía muy fuerte en términos de carga política. Sabíamos que este momento del estallido social, del feminismo iba a ser muy breve. Eso era una certeza, sabíamos que venía algo, venía una reacción porque somos un país de reacciones, ¿no? El cine tenía que dar cuenta de ello y el cine que se estaba mostrando era un cine que se aleja bastante porque sus apellidos se alejan bastante de nuestros contextos, porque no se hace un cine en las condiciones que la hacemos nosotros y porque no se hace en regiones, básicamente, entonces siempre desde Santiago, con narrativas formales, vetustas. Entonces el microrrelato, ese relato más político, más candente, no estaba mostrado, no se estaba o se estaba haciendo siempre como desde un esfuerzo muy grande, muy pesado. Y la escuela se encarga mucho de dejarnos líneas históricas, de recoger cine latinoamericano, recoger a Aldo Francia, mirar todas esas películas. Y por eso creo que también avance tanto el fotoquímico, porque insisto, no es algo que la escuela te lo imparte como una clase, pero toda la materia, todas las veces que estás reflexionando, todas las películas que estás viendo muchas veces son digitalizaciones de soportes porque son películas de los 70, de los 60. El cine chileno, si queremos ver el nuevo cine chileno, prácticamente todo está hecho en 35 milímetros, salvo ciertas películas, cortometrajes que están en 16, y creo que eso es lo que me llevó a ser ahora conservadora, ser restauradora, también fotoquímica. Y lo que más me gusta es la línea de preservación y conservación fotoquímica, porque restaurador acá en España es alguien muy importante, con mucha trayectoria, con muchas décadas. Para hacerse llamar restauradora con menos de 40 años hay que ganarse ese título”.

También fue programadora de cortometrajes en FICVIÑA, desde el 2022 al 2025, como parte del equipo que lideraba Claudio Pereira, y tras concluir su trabajo en el Sename postuló el máster de la Universidad Complutense de Madrid de Patrimonio Audiovisual. Ya era el año 2023: “Yo algo tenía de mis trayectorias, una escritura, una publicación en algún sitio, el premio, el ranking también que me dio la escuela por haber salido primera de mi generación. Y dije, bueno, si pongo todo esto en un formulario, ¿qué pasa? Y pasó que quedé en el máster. Irme fue una decisión que tomé muy precipitadamente, porque aquí no hay apuro con que te matricules inmediatamente, te seleccionan y te esperan. Y si tú quieres venir, perfecto, y si quieres aplazar un año puedes conversar con ellos, también te siguen esperando. Pero tomé la tomé la iniciativa porque quería hacer un giro. Tenía muchas ganas de investigar, de estar ahí sentada con los cuadernos, con los libros, con las películas. El máster lo que tiene diferente de un magíster es que estás solamente diez meses. Tienes clases intensas tres meses, otros tres meses de especialidad, prácticas, y entremedio haces tu tesis, y se acaba. Es muy rápido. Y me acuerdo que cuando entré al máster yo no tenía muy claro qué es lo que iba a hacer, ni mucho menos mi tesis ni nada. Y en eso me contacta Marcelo Morales, de Cineteca Nacional, y me dice que apareció una película y que tenían dudas en su equipo y que había muchas cosas que hacer con las digitalizaciones. Y esa fue mi tesis de máster, la digitalización de una película de Valparaíso de 1902, que gracias a mi investigación pudimos dar el hallazgo de que era de 1902, porque no teníamos claridad si era o no. Fue todo un tiempo de pesquisa, una búsqueda”.

Su historia en la capital española continúa así: “Me ven tan animada trabajando con cine pionero chileno, que me dan el enlace para ir a hacer la práctica a la Filmoteca Española, al Centro de Restauración y Conservación, que es un centro increíble, pionero en su línea. No hay nada como eso en Latinoamérica. Y entré a trabajar una serie que trata sobre la transición española, porque se cumplieron los cincuenta años de la muerte de (Francisco) Franco. La serie es sobre el noticiario de Franco, porque el franquismo tenía un único medio de información, un monopolio de medios de información contra el que no podía competir ningún otro porque no existía la posibilidad. Era esto la verdad discursiva retórica del régimen que se llamaba NO-DO, noticiario documental, y era la única forma que tenías para enterarte, durante los cuarenta años de dictadura, de lo que pasaba. Si no te mentía, tú caías en la mentira”. 

Ya con la práctica del master completada, vino el trabajo de “Los archivos secretos del NO-DO”, en la que estuvo diez meses, antes de ser recontratada por tres meses más, para sacar la temporada 2. “A la primera temporada le fue increíble. Me desempeñé en la serie como inspectora técnica fotoquímica. La temporada 1 fue estrenada en septiembre 2025 y la temporada 2 será estrenada en septiembre 2026. No esperábamos lograr tanto puntaje de visionado, de algo que se llama ‘share’, que es como el nivel de impacto que se puede medir a través de audiencia. A la serie le fue muy bien, ridículamente bien”, comenta. La serie puede verse en https://www.rtve.es/play/videos/los-archivos-secretos-del-no-do/.

Actualmente Nina Satt se encuentra realizando un doctorado Investigación en Medios de Comunicación en la Universidad Carlos III, donde tiene un contrato predoctoral para realizar su tesis. “Me contrató a la universidad para estar en el grupo de estudio que busca mirar la transición democrática en España a través del cine y a través de sus soportes audiovisuales, en este caso”, explica.

Paralelamente, se encuentra realizando la investigación “Caliche, nitrato: una arqueología del cine pionero chileno (1897-1907)”, financiada por el Estado de Chile a través del Fondo Audiovisual, en la línea Investigación, convocatoria 2025. “Una investigación en cine siempre son imágenes, pero en este caso son archivos. Justamente estoy en esa elaboración. El soporte va a ser, esperamos, una publicación visual escrita, digital, en la cual tú puedas acceder a un QR que pueda ser una herramienta pedagógica para mediar una nueva forma de entender el cine en sus inicios en Chile. Tenemos muy pocas películas de la época, por eso la importancia de preservar y conservar. No tenemos todas las que aparecen, todas las que Marcelo Morales ha podido catastrar. Todas las películas que nosotros podemos tener desde 1897, que es la primera película, hasta 1907, que lo pongo por la Matanza de la Escuela Santa María, todo ese periodo no está cubierto. Tenemos menos de cinco películas preservadas y conservadas. Quiero pensar que van a seguir apareciendo más, pero para que tú y yo podamos conocer ese cine no tenemos ni siquiera diez títulos. ¿Qué es lo que busca la ‘Caliche, Nitrato…’? Nosotros queremos generar un nuevo relato o proponer un nuevo relato que, sobre todo, se pueda significar dentro del panorama cultural, porque hasta hace veinte años atrás se pensaba que el cine había nacido en Valparaíso (‘Ejercicio Jeneral del Cuerpo de Bomberos’, de Pont y Trías) y eso no es así. El cine nació cinco años antes en Iquique con ‘Una cueca en Cavancha’. Tú te preguntas si se llamará cueca o zamacueca, porque la cueca no existía propiamente como tal en el norte, se le llamaba zamacueca, pero quizás un título cambió algo y se llama cueca ahora. Estamos desarrollando esta investigación a través de prensa, de cine y de imágenes”.

Consultado sobre qué le legó la UV y, específicamente la Escuela de Cine, dice que “agradecí muchísimo la insistencia por el legado de Aldo Francia en la región, como el pediatra, gran amante del cine, activador del primer festival de competencia latinoamericana, el nacimiento del nuevo cine chileno, esa insistencia de distintos profesores y profesoras hizo que también mirara la región de otra manera, sacar un poco la idea de Valparaíso bohemio y empezar a mirar a Valparaíso como ese dispositivo histórico. Por alguna razón había que estar cerca de Valparaíso, por alguna razón la Escuela de Cine de la Chile estaba en Viña, por alguna razón estaba también Aldo Francia. Creo que eso es algo que me lo da la escuela mucho antes que yo me diera cuenta. Me quedo con eso. Y lo demás tiene que ver como con el cariño histórico, por supuesto, en la figura de Sergio Navarro. Gran figura, pero gran figura. Soy plena miradora de su cine. Su cine ha significado mucho. Me hizo ir a la cárcel, entrar con una película de él y que me fuera muy bien con los ‘chiquis’ y que hubiera mucha recepción”.

Y a la hora de dejar un mensaje a los actuales y futuros estudiantes de su alma máter, apunta a que “apuesten por la región, que no se vean absorbido por el relato de sirenas de Santiago. Santiago es una ciudad como cualquiera. Hay que potenciar la fuerza provincial, hay que fortalecer las regiones, hay que quedarse en las regiones, lo digo igual con la prepotencia de estar en Madrid, pero insisto: yo me formé, insistí mucho por estar allá, con una formación de escuela en regiones muy distinta a la de Santiago. Apostemos por la región. Y lo segundo: no se achiquen, no se asusten con esa gente que habla ‘con la papa en la boca’, que se creen dueños del mundo, no imposten, no performen el código del poder, vivan en sus regiones, potencien sus proyectos, hablen como tengan que hablar. Yo veo mucho ese problema en las generaciones entrantes, que buscan parecerse a los del poder y cambian su forma de hablar y cambian sus palabras y cambian sus maneras. No reneguemos de dónde venimos. Si somos de provincia, somos de región o de pueblo chico, bueno, somos de ahí, porque es lindo contarlo después, es lindo después ver tu propio trayecto”.